En la primera entrega de «Raíces y Alas» se mencionaba la necesidad de trabajar de forma expresa con nuestros txikis una serie de destrezas interesantes que les podrán seguro favorecer en el presente y ayudar en el futuro.

Este período que estamos viviendo y sobre todo, las fases que nos quedan por recorrer, están poniendo en valor las capacidades que en su día mencionábamos.

Una a la que hacíamos alusión era la  “CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN”; “Flexibilidad cognitiva” le llamábamos y reflexionábamos sobre nuestra zona de confort. Además, lanzábamos esta pregunta tan recurrente: ”¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?

Trabajar estos aspectos beneficiarán a nuestros hijos e hijas puesto que en momentos críticos estarán mucho más receptivos y tendrán mayor capacidad de vivir de forma serena los cambios buscando las oportunidades en las nuevas situaciones e ilusionándose con  nuevas posibilidades.

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Tenemos de entrada una gran suerte y es que nuestros niños y niñas de serie traen esta predisposición a adaptarse a situaciones diversas, la capacidad de asombrarse con lo nuevo y el ansia por descubrir.

Hoy ilustro este post con un cuento que leí en su día y os animo a leerlo siguiendo dos técnicas que utilizamos en educación ( “Lectura compartida” y “Tertulia”) Pueden resultaros muy interesantes para ésta y posteriores lecturas convirtiéndose estas actividades en unos momentos mágicos para disfrutar en familia.

Be water, my friend escuchábamos en una peli que marcó nuestra infancia. Seamos agua…que se adapta con facilidad a las forma de cualquier botella. 

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